miércoles, noviembre 23, 2005

Viernes Poesía (VI)

Por último Haber dejado una moneda de fuego en la mano de otro, haber atado ciertos hilos de amor y resplandor, haber perdido algo al salir de la casa vacía. Haber estado, haber acompañado, haber estado complicado con el viento que siempre tiene razón, con la tierra y el agua y con la hierba que siempre tienen razón. No haber cumplido años lejos de sí mísmo, no importa si de rodillas o en medio del pantano pero cerca de sí, o entre asuntos pendientes o torcidos desde el comienzo, pero masticados con tus dientes. No importa ser un objeto más o menos clasificable despreciable por los que deciden, no importa ser superado, masacrado, tergiversado, desmentido, con todo eso se hace la verdad. No importa ser interrumpido si estás al pie del árbol gigante en el día sin fin, al pie del árbol de piedras preciosas del sueño que sólo pertenece a los hombres, y si has podido hablar con esas piedras y acompañar a su casa a alguien en un momento duro de la noche (y vivía tan lejos). No importa que no haya solución para nadie ni perdón para nadie ni si al fin estás solo en las salinas de la madrugada haciendo todo lo posible para que salga el sol, para que estos rostros queridos no se hundan en los rápidos de la nada que acecha tanta maravila. Raúl Gustavo Aguirre (De Señales de vida, 1962)

3 comentarios:

pequeño ofidio dijo...

Sobrecogedor.
Me recordó la frase de los argonautas: "navegar es preciso; vivir no es preciso".

principio de incertidumbre dijo...

coincido con zaaar, pero es otrooo tema.

Yo moriría mirando mi árbol (no es mío, pero quién me lo niega). Y sintiendo el viento, con música de Billie Holliday y que me tomaran la mano.

Anónimo dijo...

Morir de pie, tras una ventana, escuchando a Mahler y leyendo un poema de Goytisolo...

Y que no le recuerden