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Marcelo
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Bueno. Después de dos años, me he decidido a cambiar a Wordpress. Por lo tanto, voy a empezar a postear en otro lado. ¿Qué significa esto? Que, queridos amigos de El Navegante Solitario, a partir de hoy, los invito a buscarme en www.metayer.com.ar (Ojo: todavía, y por un buen tiempo, en período de prueba). Abrazos y besos.
"Afortunado en el juego, desafortunado en el amor", afirma el dicho popular. No sé dónde entran los que, como yo, no suelen tener suerte en ambas categorías. Mi lucky star suele llevarme por otros barrios; sobre todo, se esfuerza para que el azar me traiga, como los Reyes Magos en el exilio, regalos nuevos cada día, maravillas que andan sueltas por ahí hasta que uno se las encuentra y ya no están sueltas, sino que se agarran a nuestro corazón.
Entonces, he aquí mis recomendaciones para hoy, miércoles 9 de agosto de 2006.
1. Primero que nada: escuchar, no importa la manera (Internet, Musimundo, robo a mano armada) el único, hasta ahora, larga duración de Carla Bruni: Quelqu'un m'a dit. Sólo una chica (hermosa, por añadidura), su guitarra y su voz, susurrando palabras de amor en francés. Queda confirmado: las cosas más tristes y bellas, como bien supo Edith Piaf, sólo se pueden decir en francés.
Estuve pensando seriamente (sic) en usar este disco como test drive: si una chica me gusta, y no muere de melancolía con Le ciel dans une chambre (track 6), mi mano acusadora señalará la puerta abierta, y se irá sin decir una palabra, hacia la ominosa noche del olvido.
2. Leer el ensayo de Carlos Enrique Abraham Borges y la ciencia ficción. Editado por Quadrata, se consigue en cualquier lado por 9 mangos y es la primera aproximación seria a los vínculos del escritor máximo con este género tantas veces despreciado por los amantes de la literatura “culta”. Se da el gusto, con altura y argumentos, de darle con un caño a Harold Bloom, a Pablo de Santis, a Juan Jacobo Bajarlía. Pone en evidencia algo de lo que yo estaba seguro hace rato: los paralelismos, estructurales y contextuales, entre Borges y Lovecraft.
Vaya mi aplauso para Carlos.
3. Ver la película imprescindible del año. No, no es El Código Da Vinci (que está buena igual) o X Men III (impresionante); mucho menos, alguna del rebuscado cine por el que se babean los fanáticos del BAFICI. No; lo que hay que ver sí o sí es Los Piratas del Caribe: El cofre de la muerte.
Tal vez sea un lugar común decir que esta cinta tiene “de todo”: comedia, acción, romance, monstruos al por mayor. Pero en este caso, nada sobra, para producir un tanque arrasador, una especie de respuesta de Hollywood a las basuras como Closer. Qué drama intimista ni tres carajos: lo que yo quiero es que me persigan los caníbales, navegar a bordo del Holandés Errante con su tripulación de deformes condenados, ser amenazado por el Kraken, que me salve de una pelea de bar de marineros una chica disfrazada de hombre, dispararle tiros de arcabuz a un mono inmmortal.
Así, enumerados sin ton ni son, parecen hechos absurdos. Pero de tal modo está formada nuestra vida, por más que intentemos hallarle un orden lógico a los acontecimientos.
Fui fervorosamente acompañado por Abril -“Papá está loco”, no se cansa de repetir con una sonrisa inmensa-, que disfrutó tanto como yo y sigue ansiosa por la tercera parte de la historia. Es más, entre Vecinos invasores, Patoruzito 2 y este film no dudó en su elección.
Estas películas, y no otras, son las que me hacen llorar.
4. Por último: Dejar lo que estén haciendo a las siete de la tarde, y sin importar el lugar, salir a caminar, a ver el cielo que declina, a respirar el aire del crepúsculo, el perfume de la noche que llega.
Éste es el frente, diseñado por Pedro Benoit, el mismo arquitecto que proyectó el trazado de La Plata. Haciendo click sobre la foto para agrandarla, pueden ver en detalle los símbolos del frontispicio, que obviamente remiten a la idea de la muerte y la vida en el más allá: la corona, la palma, la antorcha, la antorcha invertida. Estos símbolos se repiten en muchos panteones, no sólo acá, sino de todos los cementerios que he visitado.
A izquierda y derecha de la entrada se extienden dos galerías extensas, de varios cientos de metros de longitud. Allí se ubican los nichos más antiguos. Impresiona el grosor de las columnas, que como en el caso de los templos griegos, son más anchas en la base, de modo que si uno está al pie y mira hacia arriba, tiene la ilusión óptica de que las estrías son paralelas.
Este bello paisaje me dio la bienvenida.
Y éste.
En un lugar de privilegio está la tumba de Pedro Palacios, más conocido como Almafuerte, quizás la figura cultural más importante que ha salido de esta tilinga ciudad desde su fundación. Si uno conoce algo de la obra de este poeta, le puede llamar la atención la cruz al lado de su nombre; supongo que fue un detalle posterior, que él jamás hubiera aprobado.
Y empezó mi vagabundeo entre las bóvedas. Más tarde calculé que debo haber caminado unos siete kilómetros. No está mal. En el primer libro de fotografía que tuve, que me regaló la tía Nelly a los nueve años, dice que un bosque es un "paraíso fotográfico". Para mí, ese lugar es un cementerio. Constituyen verdaderos museos de arte y arquitectura popular, abiertos permanentemente y gratis. Nunca me canso de deambular; la idea de la muerte no me afecta; el gozo estético prima, y de todos modos en la muerte también puede haber poesía.
También hay miles de historias que jamás fueron contadas. Esta losa, por sí sola, es el comienzo de una novela.
No puedo negar, aparte de mi sangre sanlorencista, mi filiación tripera. Vaya este recuerdo para el amigo Juan T. Erbiti.
Aquí encontré algo llamativo, entre tanto gris y marrón de óxido. Vean el colorido de este mausoleo. Me encanta el Fénix sobre su nombre.
Navegando por los pasillos, solitario necronauta.
Un afortunado golpe de vista ('You may be my lucky star, but I'm the luckiest by far', canta Madonna) me llevó a admirar la torre de la iglesia del cementerio. No recordaba su precioso estilo art déco, tan diferente del resto del edificio. Me maravilló el hecho de que los casi diez años que habían pasado desde mi última visita, me habían enseñado a 'ver' la torre.
Esta pirámide, que mi compañera Soledad llamó "delirio faraónico", es ni más ni menos que un cenotafio en recuerdo de los caídos el 9 de junio de 1956, la matanza de peronistas en José León Suárez que Rodolfo Walsh bien contó en Operación Masacre. Miren acá y acá.
Entre tanto art nouveau trucho que vi, algunas cosas geometrizantes me gustaron mucho. Como este mausoleo.
Y un hallazgo. Esto es algo difícil de definir. No pude determinar si fue construido así, o si la parte superior fue agregada después. Los mosaicos del saledizo, además del delirio en la construcción, me remitieron inevitablemente a Gaudí.
Detalle del anterior. "Resurrección. Alegoría. Aleluya".
Otra tumba egipcia. Ésta, completa, simulando un templo.
Llegué aquí y me quedé quieto un rato. La imagen de la vieja carretilla bajo el pino, el silencio, las cortinas, todo me hizo sentir como si estuviera en casa. (Ya sé que van a pensar que estoy loco. No me molesta.) Pensé "quiero vivir aquí". La sensación, en este caso, no duró un segundo, sino muchos. Muchos.
Más geometría. Y me llamó la atención el nombre. "Familia Del Mar". Me hizo pensar en un templo místico dedicado a los antiguos y desconocidos dioses de la perdida Atlántida.
He aquí uno de los vecinos más famosos del barrio: Matías Beheti, (a) "El Temulento".
Vean que otros amigos también piensan como yo. Cuatro horneros tiene esta cruz.
Un espléndido ejemplo de qué hacer con mucho mármol negro.
El mausoleo particular más grande del lugar es éste, perteneciendo a Victorio Berisso. Ahora la entrada está tapiada, pero en 1993 estaba prácticamente abandonado y cualquiera podía entrar, con mucho cuidado por si algún pedazo de antigua sillería caía del techo. Precisamente, en mi casa tengo uno de esos trozos...
A través de una ventana oxidada, este panorama. Féretros abandonados, cubiertos de tierra por décadas. Quién se atreverá a ir hasta allá abajo.
Y dejé para el final del paseo un hermosísimo panteón, perteneciente a la Societá Unione y Fratellanza, nombre que me suena a masonería italiana.
Delante de esa puerta, en ese banco, bajo esa serena belleza en piedra, me he sentado muchas veces.
Ella.
Inscripción lateral del panteón. "...el frío abrazo de la muerte."
Me quedé fascinado por el diseño de esta ventana y este detalle del panteón. Tampoco los recordaba. Mi amada Geometría, dormía en mí, despertó.
Despedida. Adiós, o tal vez Hasta que volvamos a encontrarnos, en otras circunstancias, en otro mundo.
Y, finalmente, he aquí la fachada de la iglesia del cementerio. Repito: la torre es muy interesante. Soledad dijo, también, que el remate parecía "incompleto".
Hoy cumple años XYZ.
Para ella, con todo mi amor, va este texto.
Poema V
Yo estaba muerto bajo los grandes soles, bajos los grandes soles fríos.
A través de mi llanto
oigo el agrio sudor de la precocidad.
Yo vuelvo sobre un musgo
y las ciudades crecen a la aventura hasta la noche del estupor.
Miseria.
Dios pesa.
Me llaman vientos de mar.
Van y vienen en grandes cambios; se alargan en saltos irritados
que apagan mi temblor, que exasperan los sueños.
Jamás podré seguir.
Yo me veo colgado como un cristo amarillo sobre los vidrios pálidos del mundo.
Jacobo Fijman
Ayer, 29 de julio, se cumplieron 150 años del fallecimiento de uno de los mejores compositores románticos. Poco escuché por ahí de este aniversario; será que esta música ya no vende.
Robert Schumann no tuvo una vida fácil. Murió en el manicomio, como Maupassant y Hölderlin.
Dejó demasiado. Con el Concierto para piano, hubiera bastado.
Vaya mi recuerdo, desde un lugar infinitamente lejano en el tiempo y en el espacio.
3. Aparece nuevo candidato para Mejor Disco del Año. Esta vez, se trata de un casi desconocido compilado que hallé de mera casualidad en Internet: Punk Goes Pop. Allí una melange de grupos skas y punks arremete contra famosísimos temas pop de los últimos tiempos y en más de una ocasión la versión supera al original. Por caso: Dynamite Boy cantando I Want It That Way, de los Backstreet Boys, o Yellowcard covereando Everywhere, de Michelle Branch. Muy recomendable. Se lo pueden bajar de acá.
(Este blog es como la película Memento. Los acontecimientos están contados de atrás hacia adelante. No importa)
Gisella, la hermana de Gastón, mi "tercera hermana", cumplió 30 años el pasado 17 de julio (espero que me perdone por deschavar su edad), y lo festejó el viernes 21 en un coqueto salón de La Plata.
Yo estuve ganándome el pan con el sudor de mi teclado hasta casi la una de la mañana. Salí de DIB, tomé un taxi y llegué cuando todo estaba en su apogeo.
Me trajeron comida. Piqué algo, tomé un poquito de cerveza y salí al ruedo, a sacar fotos.
Aquí, la familia Spizzirri. Gise, la abuela, la mamá, el papá y Gastón.
Uno de los mejores amigos de Gastón (el "Pequeño") y su mujer. Estaban sentados con nosotros.
Gastón y Adriana, una amiga.

Más amigos.
Bueno, la prueba de que yo estuve.
Con la torta. Estaba muy rica.



Meta joda.
Se armó el trencito.


Sigue el baile.

A las 4 bajaron la cortina del salón y arrancamos para Cortez. Gise ya tenía un poco de sueño, pero igual seguimos de farra.
Después la banda se abrió. Con Gastón arrancamos para otros rumbos, que no voy a contar aquí. La cuestión es que pasamos, desde el comienzo, una noche espectacular.
Feliz cumpleaños de nuevo, Fizz.