lunes, noviembre 28, 2005

Mis Celáneas (IV)

Hoy para Yesi
1. A fines de los 70s, en la revista Anteojito aparecieron dos historietas de ciencia ficción que vinieron como suplemento. En el invierno de 1977 o 1978, salió una historieta francesa en que la nave espacial extraterrestre era como el Obelisco, pero de mármol o cristal. En el verano siguiente (¿o era el otro?) publicaron un especial con todos los personajes de García Ferré. Súper Hijitus, Pichichus y los demás eran abducidos por un OVNI que conducía el Profesor Neurus (je, con ese alias me llamaban mis primos de Río Cuarto). En la revista vinieron semanalmente los muñequitos de los personajes extraterrestes. Yo tenía los cuatro, la mar de bizarros, y los he perdido. ¿Alguien recuerda algo de todo esto? 2. Impresionante ilustración del artista japonés Saeki (click para agrandarla). No me atrevo a publicar otras, más depravadas. Busquen acá, si quieren. (Más que obvia invitación para que todos entren ahí). 3. No me canso de escuchar uno de los últimos discos originales que compré en mi vida: Play, de Moby. Imperdibles son Everloving, The Sky is Broken, My Weakness. No les crean a los salames que desprecian a Moby poniéndolo en el mismo anaquel con los DJs y los cultores del ambient. Hay aquí una sensibilidad inusual de la que en general los artistas electrónicos carecen, y por ello me aburren tanto. Hay canciones de Moby que duelen. 4. En la larga noche del 29 de junio de 2004, dos sueños. En el primero, mi hermana Gaby y yo aparecemos cuidando dos bebés. Tenemos asombro en el sueño, porque esos bebés somos nosotros mismos, de bebés. A continuación, corte y estoy en un auto, probablemente un remís, y nos quedamos en un lugar oscuro como la costa de Punta Lara. En eso un arbusto se enciende y empieza a hablar. Me doy cuenta, con terror absoluto, de que es Dios (la zarza ardiente). Está a varios metros, y está frente a mi cara, las dos cosas al mismo tiempo. Me dice con fuerte voz: Debes volver con tu mujer. Debes dejar a esa chica. El espanto me agarrota el corazón, pero igual le contesto (a Dios, no olvidar el detalle): No. 5. Vera efigie del inmortal Corto Maltés en Camelot (Corrientes casi Uruguay, ciudad de Buenos Aires, precios de afano), para vergüenza de museos de cera de todo el mundo. 6. Después de muchas vueltas y reparos, he decidido empezar la lectura de los tres tomos de El Seños de los Anillos, versión Minotauro (en la que Baggins se traduce como Bolsón, etcétera). Y reconozco que el mundo de Tolkien me ha fascinado como a tantos. Mi principal razón de la negativa a estos libros consistía en mi amor por las historias fantásticas y mi desdén por las maravillosas. Para que nos entendamos, en un relato fantástico lo extraño es un elemento introducido en el mundo normal y que provoca un choque o contraste. En cambio, en un cuento maravilloso, como el de los relatos folklóricos o los cuentos de hadas, tal choque no existe, porque lo extraño es parte del mundo normal, y el interés de la historia pasa por otro lado. Tolkien tuvo la rara habilidad de haber inventado un universo complejo y fascinante, en el que hay seres sobrenaturales, elfos, enanos, trolls, y otras muchas razas, que son el pan de cada día. Pero (y me parece que aquí descansa su originalidad, y por lo que tanto me está gustando) sus problemas están muy lejos de lo que nos sucede a nosotros. Hay guerras y codicias y luchas de poder, pero en general tienen motivos extraños e incomprensibles para nuestro propio mundo. En eso se acerca a Lovecraft, cuyas historias estaban basadas en la premisa fundamental de que las leyes comunes, las emociones y los intereses humanos no tienen validez ni significado a lo largo de todo el vasto cosmos (carta al editor de Weird Tales al enviarle el manuscrito de The Call of Cthulhu, 1927). Aún no termné La Comunidad del Anillo. Haré más comentarios sobre la marcha. 7. El verano destruye mis sinapsis. Quisiera meterme en una cápsula del tiempo y despertar en los primeros días de marzo, cuando al atardecer corre una brisa suave a nivel del suelo, que podés sentir si estás en una plaza y bajás la mano: te estremecés y sentís que algo se terminó. Y muchos árboles ya tienen hojas doradas. O, mejor aún: quisiera que me transportaran a una casa a orillas del mar, lejos del mundo, y bajar cada amanecer para correr por la playa y al final arrojarme a las aguas verdosas. Regresar para desayunar arrullado por las olas y luego escribir todo el día, hasta que llega la noche y volver al mar para nadar de noche. Ese sería un verano perfecto y cuando llegue el otoño no sentiría que perdí el tiempo pensando en cómo no derretirme.

1 comentario:

Unknown dijo...

pensando en como no derretirse....

sufro el verano sufro el invierno.... pero no de frio ni calor, sufro de boludo nomas

un abrazo marce!

uno de estos dias nos tenemos que juntar y hacer alguna!!

suertes